8 Cosas que debes aprender en tu primer año de matrimonio

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Sobre el matrimonio cristiano ya hemos hablado antes en este blog.

Por ejemplo. 

En el artículo 4 razones que hacen al matrimonio cristiano una bendición, hicimos un recorrido para conocer el por qué el matrimonio de los hijos de Dios es mejor que el matrimonio de los no creyentes. 

Además, compartí 5 cosas que todo soltero debe aprender antes de casarse. En donde expongo el interés que debe prestarle todo soltero a su preparación con miras al matrimonio. 

Pero el artículo de hoy es diferente. 

Te hablaré desde las íntimas profundidades de mi matrimonio, con la intensión de enseñarte lo que debes saber y esperar de tu futura vida como esposo o esposa. 

Y es que mi mujer y yo hemos cumplido un año de matrimonio. Tiempo en el que hemos aprendido uno del otro; hemos llorado y hasta hemos tenido ganas de regresar cada quien para su casa. 

Pero la gracia y el favor de Dios han sido benevolente con nosotros. Y hoy puedo decir: "Hasta aquí nos ayudó Jehová, y nos seguirá ayudando".

Entonces, ya que mi primer año de casado se ha convertido en toda una experiencia. Quiero compartirla contigo para que desde ya tengas una motivación y preparación hacia un matrimonio cristiano con éxito. 

No importa si estás soltero, comprometido o en preparativos para casarte. Continúa leyendo que este artículo será de mucha bendición para tu vida. (Compártelo en tus redes sociales) 

1. No discutas por tonterías

Conocer este primer punto es de gran importancia. Ya que podría repetirse muy a menudo ahora que estás empezando (o cuando empieces) tu vida matrimonial. 

Resulta que, como van iniciando a convivir juntos, tu cónyuge no sabe que costumbres traes de tu casa, ni tú las costumbres de él o ella. 

Así que en cualquier momento podrían tener algún choque de conductas en los que se sientan incómodos y molestos. 

Por ejemplo. 

A mi esposa le fastidiaba que yo escuchara música con demasiado volumen. Y para mí, era molesto que a cada momento me esté reclamando por ello. 

Casi del diario eran nuestros problemas por el volumen con el que escuchaba la música. 

Hasta que llegó el momento en que me di cuenta que estas tontas discusiones estaban demacrando nuestro matrimonio. 

Entonces, tomé la decisión de ignorar todas esas pequeñas cosas que nos llevaban a una discusión sin sentido. 

Y opté por bajar el volumen a los sonidos que escuchaba. No porque decidí que mi mujer gobernara sobre mí, sino porque ya no quería gastar tiempo valioso en peleas sin sentido. 

De igual forma, tienes que aprender a conocer cuáles son aquellas tontas discusiones, que aunque parezcan pequeñas, le hacen daño a tu matrimonio. 


2. Pedir perdón aunque no seas culpable

Vivir un matrimonio cristiano no quiere decir que vas a vivir un cuento de hadas. Al final, tú y tu cónyuge vivirán momentos de tensión que los llevará a exteriorizar el "viejo hombre".

Dice una canción que solía cantar en la iglesia cuando era niño: "la vida tiene problemas, problemas tiene la vida. Cualquiera que no los tenga, no sabe vivir la vida".

Esa es la gran diferencia entre un matrimonio cristiano y un matrimonio secular. 

Y ya que tu cónyuge y tú han sido renovados en Cristo, sus problemas matrimoniales no deberían pasar de ser solo problemas. Porque, como hijos de Dios, no existe mayor prioridad en el matrimonio que cuidar el corazón de nuestro cónyuge. 

Y una de las demostraciones más maravillosas de cuidar el corazón de tu cónyuge es cuando perdonas sin ser el culpable. 

Es decir, tienes un corazón perdonador a causa de haber sido perdonado por Dios. 

De tal modo que, jamás debería ser un reto perdonar o pedir perdón a tu cónyuge. 

Has como yo. 

Respira profundo; trágate tu orgullo; recuerda que eres hija o hijo de Dios, y que la persona con quién tienes el enfrentamiento es el regalo de Dios para tu vida. 

¿Complicado, verdad? 

Es que nuestra naturaleza pecaminosa exalta nuestro orgullo y se nos hace imposible ceder ante una discusión matrimonial. 

Por tal razón, la mejor manera de lidiar con los problemas conyugales y evitar herirse mutuamente, es ser el primero en pedir perdón y/o perdonar aunque no haya sido tu culpa. 

Después de todo, eres hijo o hija de Dios, y como tal, estás llamada o llamado a perdonar y pedir perdón a pesar de cómo se hayan dado las cosas. 

3. El dinero le pertenece a ambos

Mucho cuidado con pensar de que en el matrimonio tú administras tu dinero y tu cónyuge el suyo. 

¿Recuerdas que la Palabra de Dios dice que ahora son una sola carne? Pues esto aplica también en el aspecto económico. 

Una vez casados el lenguaje cambia de singular a plural. Ya no es: "mi dinero", ahora es: "nuestro dinero".

Así que las decisiones sobre el dinero se tomarán en conjunto. Ya sea la compra de algo, el pago de una deuda, e incluso, sobre el dinero que desees obsequiarle a tus padres. 

Y aplica también para el caso en el que uno o ambos cónyuges aporten económicamente al hogar. 

Por lo tanto, olvida para siempre la idea absurda de que como son tus ingresos, solo tú tienes potestad sobre ellos. 

Y quita de tu cabeza el tonto pensamiento que un verdadero "macho" jamás le rinde cuentas económicas a su mujer. 


4. El romance no termina una vez casados

Olvidar el romance es uno de los casos más comunes que ocurre dentro del matrimonio. 

Como ya consiguieron a la princesa o al príncipe y se casaron, todo el romance que destilaban de pronto desapareció. 

Es como si lo romántico en el noviazgo sólo fuera una estrategia para conseguir el premio, y una vez obtenido, todo lo demás es cuento del pasado. 

Pero no es así. 

El romance en el matrimonio debe ser la continuidad del romance en el noviazgo. 

Se supone que el amor que tienes por tu cónyuge nunca cambió. Al contrario, creció tanto que te llevó a elegir el matrimonio como un compromiso perpetuo para amarla o amarlo cada día más. 

Así que por favor no vayas a dejar de lado lo romántico o romántica que fuiste durante el noviazgo. 

Ahora que compartes el matrimonio junto a la persona que elegiste para toda la vida, esos pequeños tiernos detalles se vuelven más importantes de lo que eran cuando estaban de novios. 

Mi esposa tiene claro este punto. Y yo me encargo de demostrárselo todos los días. 

Ella sabe que en cualquier momento la sorprendo con una nota, una carta, una canción, una llamada, e incluso, con una rosa que corté del jardín. 

Porque para ser romántico no necesitas gastar mucho dinero en cosas lujosas. Aunque si tienes la posibilidad económica, claro que puedes hacerlo. 

Así que ánimo. 

Conquista a tu cónyuge todos los días con pequeños detalles. No estés esperando solo fechas especiales. 

Recuerda como hacías hasta lo imposible por escribirle una carta u obsequiarle un detalle con la intensión de poner sus ojitos llenos de amor. 

5. Los problemas se resuelven a puerta cerrada

Cuando Dios, en Génesis 2:24, dijo que el hombre dejará a su padre y su madre para unirse a su mujer, quiso decir que el hombre vivirá su matrimonio sin incluir a sus padres o suegros. 

Porque existen parejas que después de casarse toman la decisión de ir a vivir a casa de los padres de uno de los cónyuges. 

Después de esta decisión, su vida matrimonial no será la misma. Tendrán siempre a los suegros encima de ellos juzgando cada cosa que suceda. 

Por otro lado, existen otras parejas que después de casarse toman la decisión de vivir lejos de sus padres, pero en el momento que ocurre algún problema conyugal, van corriendo donde papi y mami. 

En ambos casos se puede notar que los cónyuges no han sido destetados aún. Sufren de mamitis. 

Gracias a Dios, mi esposa y yo vivimos una situación diferente. 

Teníamos claro, desde nuestro noviazgo, el tipo de vida conyugal que queríamos vivir. 

Mi esposa solía decir: "Cuando nos casemos, aunque vivamos debajo de un puente, ni tus padres ni mis padres deben entrometerse en nuestro matrimonio".

Y así fue. 

Nos casamos, y desde el primer día vivimos sin incluir a nuestros padres en nuestra vida conyugal. 

Por lo tanto, nuestros problemas, diferencias, angustias y necesidades, solo eran discutidos y solucionados a puerta cerrada. 

Sin la necesidad de correr donde papi y mami. 

Del mismo modo, tú y tu cónyuge deben aprender a resolver cada situación a puerta cerrada. Porque nadie más está en la obligación de saber qué es lo que viven en la intimidad de su matrimonio. 

No olvides, ahora son solo tú y tu cónyuge. Un tercero sale sobrando. 


6. Las diferencias son hermosas

Grábate esto para siempre: ¡Tú y tu cónyuge son completamente diferentes! Y eso es hermoso. 

Sin embargo, creemos que en el matrimonio nuestro cónyuge debe pensar, sentir, hablar o hacer cosas, tal como lo hacemos nosotros. 

Incluso, llegamos al punto en el que exigimos a nuestro cónyuge a convertirse en nuestra copia exacta de cada aspecto de nuestra vida. 

Mi esposa y yo tuvimos que aprender mucho de nuestras diferencias. 

A ella le gusta la música suave, a mí la que tiene más swing. A ella le encanta el orden, a mí a veces un poco de desorden es mi perfecto orden. Ella podría pasarse horas escuchando una predica, en cambio yo, puedo escuchar máximo una hora y ser feliz. 

Pero nos costó comprender nuestras diferencias y asumirlas impidiendo que se conviertan en pleitos sin sentido. 

De igual forma, tú tienes que entender que tú esposo o esposa es totalmente diferente a ti. 

Por ende, no tiene tus mismos gustos musicales, colores, moda, películas, comida, deportes, libros, e incluso, la forma de adorar a Dios. 

Así que no desgaste tu matrimonio en discusiones sin sentido. Mejor decide aprender de las diferencias de tu cónyuge y pide a Dios en oración que te llene de paciencia y tolerancia. 

Tampoco olvides que para llegar a comprender estas diferencias entre tu cónyuge y tú, se hace necesaria la comunicación. 

Así que decide en cualquier momento sentarte a platicar con tu esposa o esposo, y hablen de aquellas cosas que no tienen en común. Tu cónyuge te lo agradecerá. 

Finalmente. 

Que ambos sean diferentes es lo más hermoso que Dios pudo haber creado. 

Tu cónyuge ha sido puesto a tu lado para complementar todas aquellas cosas que solo no podrías lograr. 

Eso es lo que hace hermoso a la vida en matrimonio. 

7. Su familia es tu familia

Hay un dicho para quienes se casan, que dice así: "Quién se casa, se casa también con toda la familia".

Y hay quienes están de acuerdo con esto y otros que no. 

Sin embargo, lo aceptes o no, al casarte, te "casas" también con la familia de tu cónyuge. 

Porque, seamos sinceros, a veces no logramos tener buenas relaciones con los suegros, cuñados o demás familiares. 

Situación que también se ve dentro de las familias cristianas. 

Ejemplo de esto fue la mala relación que tuve con una de mis cuñadas. 

Ella no aceptaba mi relación con su hermana. Apenas y me saludaba. Además, no asistió a nuestra boda. 

Por mi parte, nunca le fui indiferente. Al contrario, me esforzaba cada día por demostrarle que era el hombre que Dios había puesto para la vida de su hermana. 

Hoy, gracias a Dios, tenemos una buena relación familiar. Hasta se bromea conmigo. 

¿Pude haber actuado tal como mi cuñada? Claro que sí. Pero cómo podría haberle dicho a mi esposa que la amaba, si es que no lograba amar a su familia. 

Del mismo modo, tú tienes que aprender a amar hasta las peores cosas de la familia de tu cónyuge. 

Y cuando digo amar no me refiero a que compartas sus prácticas que tú sabes que van contra de Dios. 

Así que en vez de estar criticando y murmurando a la familia de tu cónyuge, ora por ella. Y pide a Dios que te enseñe a amarla y perdonarla. 


8. Orar por tu cónyuge

Esta es sin duda una de las cosas más maravillosas que he aprendido durante mi primer año de matrimonio. 

Mi esposa y yo ya teníamos el hábito de orar el uno por el otro durante nuestro noviazgo, así que nos propusimos seguir haciéndolo una vez casados. 

Nuestra práctica de oración es hacerla juntos o por separado. Por cada necesidad, por sabiduría, por fidelidad, por nuestras familias o porque seamos usados como instrumento para guiar a otros matrimonios. 

Es más, nos hemos mantenido en oración pidiendo a nuestro Dios que nos conceda el regalo de ser padres. 

Y aunque el pronóstico decía que era imposible tener un bebé, Dios actuó en misericordia y ya estamos en la dulce espera. 

De igual forma, tú y tu cónyuge adopten una vida de oración, y verás como Dios obra a tu favor según sea su bendita voluntad. 

Pero no solo oren cada vez que las cosas andan mal. Háganlo en cada momento. Incluso, antes de salir a caminar al parque. 

Además, no olvides las oraciones individuales. Ese es el momento en que puedes aprovechar para pedir paciencia, amor, sabiduría, fidelidad, mansedumbre, y cualquier otra cosa que te haga crecer como un buen esposo o esposa. 

Ten por seguro que adoptando una vida matrimonial en oración nada les podrá hacer frente. Incluso, Dios los usará para ser ejemplo de otros matrimonios. 

Finalmente

El matrimonio es una viaje que vivido de la mano de Dios, aunque hayan tormentas, será maravilloso. 

Por tal razón, debes aprovechar en disfrutar cada momento junto a tu cónyuge, en vez de desperdiciar la vida en cosas sin sentido. 

Es por eso que me animé a escribir este artículo. 

Para que entiendas —si eres casado o soltero— que a la vida matrimonial no hay que tenerle miedo. Sólo hay que aprender a tomarse de la mano de Dios y vivirla un día a la vez. 

Y por más sin sabores que puedas encontrar, vuelve atrás y recuerda ese amor que te llevó a elegir a tu cónyuge para toda la vida. 

Sí puedes vivir feliz estando casado. 

Pon en práctica cada uno de estos puntos mencionados, y lograrás un equilibrio perfecto. 

Si lo pude lograr yo, también lo harás tú. 

Dime abajo en los comentarios, ¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Conoces alguna otra cosa que podemos aprender en el primer año de casado?

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