3 Habilidades de un liderazgo cristiano digital exitoso

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De liderazgo cristiano vamos empezando a hablar poco a poco aquí en Max Damián Blog y sé que ha sido una gran bendición para tu vida. Porque para mí sí lo ha sido.

Y como había anunciado anteriormente en este blog también vamos a hablar sobre liderazgo cristiano. Porque es lo que no hace la iglesia y porque quiero ayudarte a crecer.

Entonces, como en tiempos de cuarentena por causa del COVID-19 la iglesia se ha volcado a las redes sociales y muchas de ellas no tienen ni la menor de idea de lo que están haciendo, vamos a hablar hoy de liderazgo cristiano digital.

Un liderazgo cristiano que las iglesias en nuestros tiempos no han desarrollado y que hoy en plena pandemia los ha llevado a improvisar.

Es por eso que Justo Llecllish ha dado en el clavo con el artículo que nos comparte a continuación hablando sobre las habilidades de un liderazgo cristiano digital exitoso.

Pero antes de todo te presento a Justo. Él es pastor de Héroes21, Director de FaxJuvenil, CEO de ENTERMINISTRY.COM™. Autor de numerosos estudios sobre liderazgo y ministerio juvenil y conferencista en eventos juveniles.

¿Estás preparado? Empecemos.


Lo que se dijo que vendría, ya vino. Y vino abruptamente, empujado por el Covid19. Sólo queda decir «”bienvenido”.

Me refiero a la transformación digital; también llamada la cuarta revolución industrial.

La principal característica de esta transformación es llevar todas nuestras actividades al mundo del Internet.

Los líderes eclesiásticos aún masticaban esta idea, hasta que llegó la pandemia. Abruptamente, el experimentado y el principiante ministerial han volcado todas sus actividades ministeriales al Internet.

Simplemente, porque no existe otra alternativa para seguir pastoreando a las ovejas.

Este nuevo contexto digital al que acabamos de entrar nos exige un sin fin de habilidades digitales.

Te comparto 3 de las más básicas.

1. Cruzar información.
Tener una cuenta en Facebook te hace poseedor de un medio de comunicación. Sé que para muchos es una moda, o una herramienta para chatear, pero en su real dimensión es un medio de comunicación social.

Si lo anterior es cierto, y ya que ahora los líderes eclesiásticos estamos usando al máximo, se nos exige pensar como periodista.

Y un buen periodista, antes de publicar una noticia, roja o amarilla, primero «cruza información» para estar seguro al cien por ciento que la fuente es verídica.

Si no lo hace, viola uno de los más sagrados mandamientos: no dirás falso testimonio.

Hace unos días un malcriado publicó un pantallazo del muro de un famoso predicador pidiendo diezmos para que ore por tu protección del coronavirus.

¡Y ni te imaginas cuántas veces fue compartido por creyentes enardecidos por tales mercantilistas del evangelio!

Muy pocos se dieron la molestia de cruzar información, es decir, confirmar si ese post realmente proviene del muro del predicador en mención. Más pesó el dedo acusador que el dedo navegador para corroborar la información.

Por no agregar ciencia a su celo cayeron en falso testimonio.

En términos prácticos, no des like a primera vista, sino después de leer toda la publicación, si estás de acuerdo. Tampoco compartas cualquier cosa a menos que tu conciencia te autorice.

2. Máximo potencial.
Todo líder tiene un mensaje que compartir. Es una verdad absoluta. El único detalle es que hasta antes del Covid-19 el formato más explotado era el púlpito del templo.

Pero ahora con los habitantes del planeta en cuarentena, y la adopción de las redes como púlpito, todos los líderes nos hemos convertido en instagramers, youtubers, facekookeros y twitteros, ¡hasta el aburrimiento!

Y como se entiende poco de formatos en el mundo digital, creen que transmitir los cultos por redes sociales es el máximo potencial del Internet.

Ahora mismo nuestros escolares están pagando las consecuencias del desuso del Internet. Un claro ejemplo de lo que digo es que todos los colegios tienen redes sociales, pero no tienen un proyecto de educación virtual.

Igual pasa con las iglesias: “Todos tienen redes sociales, pero muy poquísimas tienen proyectos de discipulado y formación de líderes”.

¿Y ahora, qué podemos hacer?

Aprovechar la cuarentena para aprender de los que están haciendo algo, y sobre todo, asesorarse sobre todo el potencial que tiene Internet.

Las preguntas pendientes de respuestas son: ¿Cómo usar Internet para organizar nuestras iglesias y ministerios? ¿Cómo hacer discípulos, entrenar líderes y plantar de líderes… en Internet?

3. Creatividad digital.
Hay 3 formas cómo las iglesias se están organizando en plena cuarentena. La primera forma es, a tal o cual hora, citar a su feligresía a Facebook para ser parte de un programa, que incluye adoración, anuncios, prédica, y ofrenda.

La segunda forma es que los grupos pequeños se reúnan virtualmente para socializar y compartir un mensaje.

La tercera forma es promover que las familias se reúnan, canten un par de canciones, y que papá comparta algún pasaje de Biblia.

La primera es lo mismo de antes. Vas al templo para ser parte de un lindo programa o te quedas en casa para verlo vía Internet.

La segunda es lo más relacional que exista, pero con el riesgo de extinguirse con el tiempo. Tal cual sucede con los noviazgos a distancia. Por más que se trasnochen hablando por Skype, con el paso de los días se enfría.

La tercera es lo ideal, pero muy pocos papás tienen el entrenamiento suficiente para cumplir su sacerdocio.

Sea como se organicen, con o sin pandemia, lo cierto es que la gente poco a poco deja de participar de la vida iglesia.

Por eso hay muchas iglesias que por 20 años consecutivos tienen la misma cantidad de fieles. ¿Crecen juntos? ¿Envejecen juntos? ¡En pocos casos!

En más de los casos, por una puerta entran y por la otra salen. Como la piscina.

Así que propongo que los líderes cumplamos nuestra real función: “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Ef. 3:11).

¡No para el ministerio del pastor! ¡No para el ministerio de la iglesia! ¡Sino para sus propios ministerios!

Y con o sin pandemia, entrenarlos para cumplir su sacerdocio en casa y su reinado en la calle.

Esto implica crear recursos digitales de evangelismo, discipulado y liderazgo. No simplemente videos para consumir pasivamente, sino de verdaderos “procesos” interactivos y automatizados de formación espiritual.

Producir estos recursos, en este contexto, implica que los líderes aprendamos a ser creativos, pero digitales; a trabajar en equipo, pero virtuales; altamente productivos, pero en la nube.

Entonces.
No creo en iglesias virtuales, propiamente. Iglesia es gente en relación física unos con otros. En ese sentido, lo virtual es un complemento, no la esencia.

Cuando volvamos a la normalidad, los líderes más estratégicos y audaces habrán construido una iglesia virtual en paralelo a la iglesia organizada. Y estoy seguro que la gente apreciará más las relaciones físicas.

Esta pandemia nos está empujando a usar seriamente los recursos digitales, y a transformar nuestra filosofía de ministerio de ovejas dependientes a leones autónomos.

Pregunta de reflexión: ¿Cómo estás preparándote para lo que se viene?

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