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El matrimonio cristiano tiene un enorme reto frente al mundo en la era moderna. No solo deben ser ejemplo de que el matrimonio es una excelente decisión para personas que se aman, sino también que deben mostrar que un matrimonio cristiano basado en Dios supera cualquier adversidad.

Y no me refiero a ese tipo de adversidad que enfrentan los “adolescentes” cuando sus padres no les permiten estar juntos, o cuando un joven debe elegir entre ir a la iglesia o salir con su novia al cine.

Sino que hablo del tipo de situación en el que un matrimonio cristiano debe mostrar cuando formado está el carácter de Cristo en medio de ellos.

Quiero compartirte la siguiente historia para ir entrando en el tema.

El día que mi amigo Miguel se casó fui testigo del obstáculo más grande que una pareja de jóvenes que se ama puede afrontar.

La noche de la ceremonia estaba muy hermosa. La decoración era delicada pero no muy llamativa como sabiendo que el centro de aquella velada seria la novia.

Los invitados muy bien vestidos hablaban de muchas cosas y se notaba en sus rostros la emoción que le causaba poder ver al novio de la mano de la novia.

Debieron haber visto la mesa llena de bocaditos haciéndonos ojitos seduciéndonos a probar todos los manjares ahí colocados.

Hasta que intrigado por la no presencia de varios familiares del novio me pude acercar a un familiar suyo y pregunté: ¿Y qué pasó con el resto de gente?

Entonces este personaje un poco meditabundo me dijo: “Ellos no van a venir. Pues no están de acuerdo que Miguel se case con esa mujer”.

La verdad es que no me sorprendió lo que escuché, pero si debo confesar que me quedé pasmado pensando en la actitud de este grupo de personas llamados “hijos de Dios”.

Y es que resultaba que la familia no estaba de acuerdo con el matrimonio cristiano de Miguel porque su novia, antes de él, y antes de Cristo, había tenido un novio con quien perdió su virginidad y de quien quedó embarazada.

La familia de Miguel no podía creer como es que un joven cristiano como él, soltero, virgen, y entregado a Dios, se iba a casar con una mujer que tenía un pasado con el que había perdido su pureza y que encima de todo el hijo que ella tenía era un niño de 12 años.

Para resumirte esta historia te confesaré que mi amigo se casó a pesar de todo. La noche terminó de una forma romántica como solo las bodas pueden terminar. Miguel le dedicó unas palabras románticas, y ella cantó una preciosa canción para su amado.

Perdonados para Perdonar.
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Lo que le pasó a mi amigo Miguel es un hecho que pasa todos los días. Pero lo sorprendente no es que su ahora esposa y él hayan superado es obstáculo.

Lo sorprende es que este tipo de obstáculos también se pueden encontrar en el corazón de personas que dicen haber sido cambias por Dios.

Por otro lado, soy consciente que ningún padre o madre (o familia) tiene el sueño de ver casarse a su hija o hijo con una persona que perdió su virginidad antes del matrimonio y que además tiene un hijo.

La situación ideal para el matrimonio cristiano es que ambos individuos se casen siendo vírgenes habiendo comprendido que el matrimonio es el único lugar en la voluntad de DIOS para las relaciones sexuales.

Nadie, creo yo, desde su niñez sueña con algún día conocer a una persona que se entregó a Cristo siendo adulto y trae consigo un pasado marcado por una unión conyugal según normas mundanas.

Pero con todo esto, si una persona llega a Cristo habiendo perdido su virginidad ¿no tiene acaso el derecho de unirse en un matrimonio cristiano?

En un mundo tan perverso como el que vivimos hoy es complicado encontrar a jóvenes y señoritas con su virginidad intacta. (Pero no niego que si existen)

Y si uno de estos jóvenes llega a Cristo y tiene el deseo de casarse, ¿vamos nosotros a ser tropiezo para que se cumpla el sacramento del matrimonio?

¡Claro que no!

Si bien es cierto un matrimonio cristiano debe ser la unión de dos personas que se guardaron integras hasta el día de su consagración.

El hecho de que hayan perdido su virginidad antes del matrimonio no los descalifica para tener un matrimonio cristiano bendecido y prosperado por Dios.

Que una señorita o un joven no se hayan guardado hasta el día de su matrimonio no te da el derecho de reprochar o condenar su deseo de casarse.

¿Acaso se te olvidó que fue Dios quién perdonó el pasado de ese joven o esa señorita tal como lo hizo contigo?

Tus pecados nunca fueron ni serán más pequeños a comparación de alguien que llegó a Cristo sin ser virgen.

En Dios no hay tamaño ni categoría para el pecado. (Ro. 3:23)

¿No es Dios quien a través de Jesús nos envió a perdonar todas las transgresiones de nuestros hermanos del mismo modo que Él nos perdona a nosotros? (Lc. 11:12; Mt. 18:21-22)

El Problema Entre los Cónyuges
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El no condenar a una persona por el hecho de no ser virgen no solo es responsabilidad de la iglesia o la familia del novio o la novia, sino también de la pareja misma.

La incapacidad de perdonar y olvidar los errores del pasado de uno de los cónyuges en el matrimonio sin duda influirá el matrimonio negativamente.

El pecado sexual es ciertamente doloroso para DIOS, pero también lo es la mentira, la hipocresía, el odio, el chisme, los malos pensamientos, beber y fumar, el orgullo y la falta de perdón. (Jn. 8:7).

La marca de un verdadero hijo de Dios es que sabe perdonar como lo hace su padre. ¿Y cómo perdona Dios? Pues olvidándose que se olvidó que un hijo suyo cometió un pecado (Is. 43:25).

Es así que una persona que acepta casarse con alguien que ya no es virgen está aceptando también que no le interesa el pasado de quien será su futuro cónyuge.

Además, el futuro esposo o esposa asume con madurez lo que su cónyuge haya vivido y se olvida por completo de cada uno de los errores que haya cometido viviendo lejos de Dios.

Si no se asume con carácter de Cristo el pasado de una persona, será una clara muestra de que la presencia del Espíritu Santo no habita en ella o él. (Mt. 6:14-15)

¿Qué difícil parece, verdad?

Pues a la luz de la palabra de Dios, un matrimonio cristiano es el auténtico reflejo de Cristo por donde se le vea.

Nadie que intente amar a alguien y no esté dispuesto a perdonar y olvidar lo que perdonó, será capaz de obtener el corazón de un hijo o hija de Dios. 
—Max Damián

En Conclusión
Sé que es difícil para un cristiano que vivió guardando su pureza para el día de su matrimonio elegir si casarse o no con una persona que perdió su virginidad antes del matrimonio.

La oposición llega de varios bandos: la de su propia mente, la de su familia, y la de sus amistades.

Pero en contadas cuentas es ella o él quien debe tomar la firme decisión de elegir si casarse o no con esta persona que no vivió en castidad.

Además, es él o ella quien debe tomar con mucha madurez espiritual el pasado de la persona quien será su futura esposa o esposo para no convertir en un infierno su matrimonio.

Mi consejo final si es que te encuentras en el valle de la indecisión con una pareja que no se guardó hasta el matrimonio y deseas casarte con él o ella, es el siguiente:

  1. Busca primero sabiduría de parte de Dios para tomar cualquier tipo de decisión en tu vida. (Stg. 1:5)
  2. Enseguida, busca el consejo y la sabiduría de algún pastor piadoso y entregado que tenga un excelente ejemplo de matrimonio.
  3. Habla claro y con sinceridad con tu novio o novia sobre cosas del pasado que deben ser confesadas y perdonadas.

El matrimonio no es algo que se deba tomar a la ligera u optar por el simple hecho de ya no querer seguir cometiendo pecado.

La Biblia tiene grandes consejos para parejas que desean casarse tales como los que encontramos en Efesios 5:21-33, que van a ser de gran ayuda para tu vida matrimonial.

No olvides que una persona que aspira ser un gran hombre o mujer de Dios será capaz de ayudar a su esposa o esposo a ser el hombre o mujer que Dios espera que sea.

Y a pesar del pasado que ambos hayan tenido serán capaces de construir un matrimonio cristiano que honre a Dios y que deleite a ambos.

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