¿Eres alérgico a otros cristianos?

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Max es un chico cristiano que intenta todos los días llegar temprano al templo, aunque tiene mucha presión por sus estudios, procura cada día poder estar en los cultos a la hora indicada. Como no vive demasiado lejos de la iglesia, se traslada a pie. Sabe, además, que en el transcurso hacia el lugar de encuentro con DIOS, como de costumbre, va a toparse con cristianos de otras denominaciones y pasará lo mismo que suele pasar siempre: Max saludará con una sonrisa en el rostro pero la otra persona no le dirá ni la hora.
¿Te ha pasado algo similar a lo que le pasa siempre a Max? Si es así pues bienvenido al grupo donde solo los feos irán al cielo. Es sumamente asombrosa la conducta que se deja apreciar por parte de estos cristianos, y no pongo en duda su fe y su dogma, sino que me nace una pregunta al ser testigo de su indiferencia: ¿Son alérgicos a otros cristianos?


Pienso en esto y me viene a la mente lo que Jesús vivió y registrado en la Biblia es un maravilloso ejemplo para nosotros. En muchas ocasiones Jesús fue visitado por personas que decían adorar a DIOS, y uno de los casos más populares es el de un hombre llamado Nicodemo. De seguro tu debes saber la historia al revés y al derecho, así que obviaremos esa parte,  y nos centraremos en el detalle del recibimiento de Cristo al rabino Nicodemo.

Puedes darte cuenta al leer en Juan 3, después de que Nicodemo reconociera quien era Jesús la respuesta del Mesías no fue sino la intención de que el fariseo entendiera que necesitaba nacer en el Espíritu para ser Salvo. ¿Acaso notas un rechazo de Jesús hacia Nicodemo? o ¿Solo lo vio y luego se hizo a un lado? Esta es solo una de las muchas muestras de como solía reaccionar Jesús cuando estaba frente, o se cruzaba, de otros "cristianos". Aunque se le hayan acercado, algunos, para criticarlo y señalarlo, siempre los recibía con amor (Proverbios 13:24). Él nos dejó un clarísimo ejemplo de cómo golpear a quien te acosa por ser cristiano.


¿Te soy sincero? Rara vez me a pasado que me cruzo con otro cristiano y me saluda con una sonrisa en los labios. Gran parte de ellos solo tienden a mirarme y pasar de largo. ¿Cómo crees que me siento? ¡Pues mal! Y no por mí, sino por ellos. Porque son ellos los que han originado que las iglesias se conviertan en pandillas que se disputan las almas y compiten por ser la mejor de todas. Somos nosotros, los que sin iniciativa a unirnos, vivimos alejando a los nuevos creyentes del cuerpo de Cristo. ¿Y que hermoso es predicar sobre unidad verdad? Cuando ni siquiera sabemos ser unidos entre cristianos. Cuando importa más mi dogma y denominación que el amor entre hermanos e hijos de DIOS.

Si llevas tiempo siendo puntual al templo, orando, diezmando y leyendo la Biblia, pero no eres carismático con otros cristianos de otras denominaciones, todo lo demás es en vano. Porque de nada te servirá hablar lenguas humanas y angélicas, si no tienes amor (1 Corintios 13:1).

Es mi deseo amados míos que aprendamos a convivir como una sola familia, sabiendo que no importa el nombre de tu denominación, amamos y servimos al mismo DIOS. Jesús no vino a formar una iglesia con nombre de sutano o mengano, Él vino para hacernos uno y siendo uno le adoremos para siempre (Juan 17:21). El rechazo entre cristianos debe abolirse de una vez y para siempre. Seamos la iglesia unida que la gente necesita para aprender a amar a otros y a un DIOS real que se puede explicar con el ejemplo de nuestras propias vidas. Amémonos de corazón, no de la labios ni de oídos.

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